Superar la queja

A menudo, mis coachees me cuentan que les falta tiempo, que si el día tuviese más horas todo les iría mejor. Otros me cuentan que, si no tuvieran al jefe controlador que los abruma o al compañero que no colabora, ellos podrían ser más efectivos. El problema es que, cuando les pregunto cuánto tiempo llevan en esa queja, suele costar recordar los años que llevan atrapados en este círculo vicioso sobre el que hoy os invito a reflexionar.

Reducir las dificultades ante los elementos externos, si bien puede ser una primera y necesaria aproximación, no es suficiente para cambiar la problemática ante la que uno se encuentra. Desde mi punto de vista, poner la atención en las circunstancias ajenas nos puede sumir en la queja, que en muchas ocasiones se cronifica en forma de desesperación, estrés, ansiedad o depresión. Si bien la queja es un aviso útil a tener en cuenta, porque nos habla de un problema real, quedarnos instalados en ella deja de sernos útil. He visto personas que se muestran inseguras o paralizadas, a pesar de ser excelentes profesionales, tras años de sentirse atrapadas en entornos que juzgan como adversos. Entonces, ¿por qué no abordamos el problema real? ¿Por qué seguimos cautivos en trabajos o entornos que nos generan sufrimiento?

Creernos libres y al mismo tiempo darnos cuenta de que no somos capaces de tomar una decisión para abordar el problema, es una contradicción para nuestro sistema cognitivo. Nuestro cerebro, al que no le gustan ni las contradicciones ni la incertidumbre, sabe cómo impedirlo: con mecanismos de evasión. Nos da mil excusas para no poner la atención donde se necesita: el tiempo, el jefe, el compañero, etc. Y así, con la convicción de que hay una causa externa al problema, vivimos en un cierto equilibrio que nos permite funcionar, y nuestro cerebro sigue con sus conexiones neuronales sin cortocircuitos.

Sin embargo, este tipo de equilibrio, basado en justificaciones evasivas, puede provocar efectos secundarios. A veces, los síntomas se manifiestan a través del desgaste emocional, estrés, el dolor a nivel físico (dolores de cabeza, espalda, estómago) o en su extremo el burn-out, entre otros. Identificar los síntomas es una buena manera de empezar a salir de la situación. Durante las conversaciones que ocurren durante muchas de mis sesiones con ejecutivos, tratamos de abrir una puerta para poner el elefante sobre la mesa, de forma amable y progresiva, para que no se rompa la cristalería.

¿Cuáles son tus mecanismos de evasión? ¿Qué te dices a ti mismo para no enfrentar lo que te está limitando hoy? Te invito a sostener las preguntas por unos instantes… En mis sesiones de coaching nos damos el espacio para explorar y te acompaño en tu proceso para superar la queja.

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