Rol y Poder

Muchos de los procesos de coaching que acompaño tienen en común la necesidad de empoderarse del coachee. Ya sea porque asume un nuevo cargo, porque el mercado está cambiando y necesita incorporar competencias nuevas, o por un cambio de empresa. Sea la causa que sea, la persona siente que ya no es efectiva en su gestión o que está perdiendo influencia en los órganos políticos de la organización. Y ahí aparece la necesidad de poder, para ampliar la capacidad de acción. Hay muchas formas de abordar el poder, es un tema apasionante que va a ir apareciendo en este blog. Hoy me propongo mirarlo desde el espacio personal, en concreto desde la perspectiva del rol.

Entendemos por rol un modelo organizado de comportamiento que se desprende de la posición que ocupa la persona en un grupo. En la familia podemos jugar el rol de hija, de madre, de hermana… En la empresa, el rol de jefe, asistente o trabajador… Para cada contexto social en el que nos movemos tomamos un rol, más o menos conscientemente.

Sin embargo, esta categorización de nuestro mundo que nos ayuda a ordenar las relaciones humanas, tiene un lado no tan útil. En primer lugar, encontramos que a menudo hacemos transposición de roles, es decir, actuamos con el mismo rol en contextos distintos. Por ejemplo, la profesora que sigue educando en su casa, o la mamá que sigue criando a sus empleados como a hijos. Esta transferencia suele ser involuntaria, por no llamarla ciega, en la que la persona ni siquiera es consciente de que lo hace. En otras ocasiones, si bien hay algún grado de consciencia, la persona no sospecha que esto pueda cambiarse, y su respuesta más habitual es “yo soy así”. Y aquí es donde aparece el segundo problema asociado a los roles: la identificación con el rol.

Quiero dedicar el último párrafo del post a esta conexión que hacemos entre la persona y el rol. Existe un temor a quedarnos sin identidad si actuamos distinto a lo que creemos ser. Es un temor a traicionar nuestra esencia, a no ser auténticos y ser vistos como inconsistentes (por cierto, mirar de frente a este temor es tan humano que me emociona). Y ahí está, para mí, el quid de la cuestión: necesitamos diferenciar el rol de la persona. La persona es mucho más de lo que proyecta en un determinado contexto. Me encuentro a menudo con personas demasiado leales a lo que ellos entienden por su “ser” (que yo acoto a su rol), y se autoboicotean al intentar actuar distinto, en pro de una supuesta autenticidad. En ese bucle de reafirmación, dejan de entender qué es lo que necesita el grupo de él o ella, y pierden poder. Por eso, un primer paso para empoderarnos es empezar a cuestionarnos la forma en que nos relacionamos con nuestro rol, y estar más atentos a lo que las nuevas circunstancias requieren. Esos cambios que vemos en la familia, la empresa o el país… ¿qué implicaciones tienen para nuestro rol? Y, ¿cuánto estamos dispuestos a desafiarlo?

One Comment on “Rol y Poder

  1. Me deja un poco confundida el tema del rol y el poder, si bien entiendo perfectamente el enfoque del rol que tenemos en determinado momento, no veo como decidimos cual queremos vivir ya que es una línea muy delgada en lo que se “debe” y lo que se “quiere”

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